El tráfico es un asunto trascendental. Algunas personas cruzan en rojo, acompañadas de jóvenes, niños o con el carrito de un bebé. Luego nos preocupamos porque nuestros hijos conducen rápido, con el móvil o sin los elementos de seguridad.

Cuando nuestros hijos ya son jóvenes que conducen su moto o su coche, quizá lleguemos tarde diciéndoles aquello de «No corras» al ver que se disponen a salir de casa. Cómo evitar que los hijos tengan un accidente de tráfico, entonces. Lo importante es la prevención: darles el mensaje adecuado desde pequeños.

Con frecuencia, mueren jóvenes en accidentes de tráfico. Luego se comenta en los centros educativos y se reflexiona. En las aulas, como profesor, hago la siguiente pregunta: «¿No es mejor tomar medidas y cumplir las normas antes de tener que ir a un funeral?».

Predicar con el ejemplo

Cumplir las normas y predicar con el ejemplo es no pasar en rojo, cruzar la calle por los pasos de peatones y evitar atajos. Miles de peatones mueren por cruzar en rojo. Miran, creen que no viene nadie y no ven el vehículo que pasa en ese momento.

Los niños no reconocen las señales ni saben conducir. Sin embargo, desde las primeras edades, ya reconocen la velocidad que marca el velocímetro del coche y el máximo permitido en los diferentes tramos de la carretera o la autopista. Luego, si vamos rápido, es lógico que cuando conduzcan sobrepasen la velocidad. Además, tendrán más probabilidades de sufrir un accidente.

No sirve que les digamos «No corras» si después nosotros corremos. Van a repetir conductas que han visto en nosotros u otras personas. De ahí, la importancia del ejemplo.

Un caso práctico

Una madre iba a cruzar la calzada con un bebé en el cochecito y un niño de 4 años. Al ver que venía un coche, se paró y el niño entró en la calzada. Le dije que debería ir por el paso de cebra. Si no, los niños no lo harán nunca. Seguidamente, anduvo 15 metros y cruzó por el paso de cebra. Comprendió la importancia de rectificar y educar con el ejemplo.

Conclusión

Hay que evitar los atajos. Cuando nuestros hijos van con nosotros y caminamos unos metros para ir por el paso de cebra, ellos también lo harán y probablemente les estemos salvando la vida. Verán que cumplir las normas de educación vial es de vital importancia.

Aparcar mal es una conducta inadecuada. Estamos enseñando a nuestros hijos que no es necesario cumplir las normas. Luego no nos podremos quejar si no respetan las señales y las normas de tráfico: nosotros les habremos enseñado a no cumplirlas.

A no ser que un policía nos dé permiso, los semáforos solo se pasan en verde, aunque no venga nadie o creamos que no viene nadie. Que veamos que no viene nadie no quiere decir que no venga nadie. Cuando creemos que no viene nadie y viene alguien, nuestro destino es un atropello, el hospital o la muerte.

Este artículo forma parte del libro La importancia de educar. Antoni Ballester. Editorial Círculo Rojo. (2020) pág. 78-80.